Mi opinión sobre Arcane en formato podcast

Arcane me ha elevado tanto el hype que he tenido que hacer tres capítulos de podcast para hablar sorbe cada uno de los actos.

He visto Arcane, obviamente, no podía perderme una de las mayores series de la fantasía de 2021 y tengo mucho que decir sobre ella. Tanto que lo he hecho en formato podcast.

Aquí tienes mi reseña en tres actos:

Lo bueno y lo malo de Misa de medianoche.

Empezar octubre con una reseña de una serie de terror, es la única forma de hacerlo bien.

Es octubre, para mí el mejor mes del año, la temporada de las brujas, las calabazas y la magia. Una época en la que el velo entre lo sobrenatural y el mundo real se desdibuja. Y como cada maravilloso octubre, las plataformas de streaming empiezan a llenarse de películas de terror.

Si la fantasía es mi género favorito de la literatura, el terror lo es para el cine. Me encanta en todas su vertientes, me encantan las buenas pelis de terror y las malas, llevo disfrutando de ellas toda mi vida y no me canso.

Sé que no suelo hacer reseñas en este blog, prefiero dedicarme a recomendar libros y analizar temas relacionados con el género fantástico, pero ya que tengo la serie reciente y es octubre me ha apetecido saltarme un poco las reglas. También ocurre que esta serie me ha dejado con sentimientos muy encontrados y hacer una comparativa de cosas buenas y malas podría ayudarme a aclarar mis propias ideas sobre ella.

Misa de medianoche, lo último de Mike Flanagan (Hill House y Bly Manor), es una historia sobre la fe, la vida y la muerte con un toque sobrenatural que le da la etiqueta de “terror”, pero que en realidad de miedo tiene muy poco.

Sin más dilación:

LO BUENO

Una villana excelente.

Mike Flanagan sabe escribir personajes convincentes, eso es algo que ha demostrado en sobradas ocasiones, pero esta vez se ha lucido. Samantha Sloyan hace un papel que tienes que ser de hielo para que no te retuerza las entrañas. Capta con precisión milimétrica la soberbia, la falsedad y la hipocresía del fanático religioso de una forma sin igual. La actriz se come la pantalla cada vez que sale y no puedes dejar de odiarla ni un solo minuto.

CrockPot.

Al más puro estilo de Stephen King, Flanagan ha perfilado con precisión la vida de un pequeño pueblo americano. Nos presenta una villa pesquera aislada en una isla, llena de personajes bien definidos y sus relaciones de poder, amor, u odio. El racismo está presente, al igual que la presión de grupo y el fanatismo que se despierta en una comunidad tan pequeña en la que todo el mundo se conoce.

La unión de sus temas con lo sobrenatural.

La cantidad de veces que se retuercen versos de la biblia para hacerlos encajar con el componente sobrenatural de la serie es impresionante, como encajan esos versos con lo que se ve, es más impresionante todavía. No voy a hacer spoilers sobre qué tipo de criatura/fantasma está presente en la serie, pues sería quitar parte de la diversión, pero la unión de los temas de la serie con lo sobrenatural es un trabajo excelente.

-El reparto.

Flanagan ha hecho una dirección de actores impresionante. Todos trabajan de forma excelente, pero algunos, como el cura, sobresalen de forma increíble y solo a través de sus manierismos o su forma de hablar crean personajes de los que quieres saber más.

LO MALO

-Buenos temas, mala forma de plantearlos.

Los temas de la vida, la muerte y la fe están presentes durante toda la serie, pero, Flanagan decidió en algunas partes que la mejor forma de presentar sus ideas, de ofrecernos su punto de vista, era a través de larguísimos monólogos de los personajes que se alargan y se alargan destruyendo por completo el ritmo de una serie ya lenta de por sí. Un buen monólogo puede ensalzar un guión, muchos, seguidos y repetitivos, pueden convertirse rapidamente en pedantería. Uno de las últimas escenas, una que debería estar cargada de emoción, recurre a la repetición de un monólogo anterior que me hizo poner los ojos en blanco y mirar el móvil durante un par de minutos esperando que pasase de una vez.

Las escenas de tensión o “acción”.

Obviamente esta no es una historia en la que haya acción, ni siquiera sustos, es una historia de personajes y su relación con la fe y distintas religiones. No entre esperando tiroteos que eso quede claro, pero en los pocos momentos en los que debería haber habido este tipo de escenas, solo para mejorar la obra, las acciones se vuelven un poco trambólicas, rodadas sin gracia y te da la sensación de que todo el mundo está mirando sin hacer nada, esperando a que pase algo para reaccionar como si de una mala obra de teatro se tratase. Esto se hace notable sobretodo en el último capítulo de la serie. Si Flanagan le hubiese dejado la dirección a un director más competente con la acción quizás hubiésemos tenido el Apocalipsis que prometía el capítulo.

-El ritmo.

No me importa que una película o serie tenga un ritmo lento, en absoluto, pero que de siete horas de metraje, en las tres primeras no pase “nada” se hace bastante duro. La serie tiene un ritmo inexistente, hasta llegando al final tiene momentos excesivamente lentos que cortan por completo la inmersión, esto puede hacer que muchos espectadores ni se planteen seguir después de los dos primeros episodios perdiéndose todo lo que el guión tiene que ofrecer.

Y hasta aquí lo bueno y lo malo de misa de medianoche. Si te soy sincero, todavía no me he aclarado con mis sentimientos sobre esta serie. Sí, es lenta, a veces pretenciosa, y los monólogos me hicieron decir “basta”. Pero también es fascinante, sus personajes están realmente vivos y los actores hacen un trabajo excelente. Te atrapa y no. No es una obra perfecta, pero sí que ha sido una serie que he disfrutado hasta el punto de querer estar aquí hablando sobre ella.

Misa de medianoche tiene algo, pero no es para todo el mundo. Olvídate del terror y los sustos, Netflix tiene que vender una serie sobrenatural en Halloween para que la gente la vea, pero esta serie va de otra cosa.

Shadow & Bone: O como inventarte la historia y, aún así, hacer una buena adaptación.

Hace bien una adaptación sin seguir la historia original.

Netflix tiene un historial nefasto a la hora de adaptar literatura, sobretodo fantástica, aunque muchos adoran The Witcher por el plot…

…lo cierto es que como adaptación deja bastante que desear. Desde efectos especiales a vestuario y, sobretodo, pasando por el galimatías infumable que nos presentan como historia, The Witcher podría haberse hecho muchísimo mejor. Y esto lo dice alguien que se ha leído los libros y que podía navegar entre los saltos temporales sin problema, pero como medio propio, la serie debería ser capaz de contarse a sí misma sin necesitar del conocimiento previo de libros y videojuegos o de un esfuerzo supino del espectador por situarse en cada momento.

No hablaré de Memorias de Idhún, una serie que podría haber sido la puerta para muchas otras adaptaciones de autores españoles, pero que se quedó como un meme y un mal recuerdo que preferimos borrar de nuestras cabezas. El doblaje es muy importante, señores. Y no, el medio no es lo que destruyó Memorias, pues Netflix tiene entre su catálogo una serie fantástica de animación que es de lo mejorcito del género que puede verse en la plataforma, “El príncipe dragón”.

Vistos los antecedentes, abordé Sombre y Hueso con escepticismo, no me quería hacer muchas expectativas porque adaptar el mundo de Bardugo a la pantalla no era un reto fácil.

Por una vez, Netflix, me has sorprendido gratamente. Vaya por delante que no me he leído la trilogía original de los Grisha, la que da nombre a la serie, solo me he leído la bilogía de los Cuervos, pero conozco a grandes rasgos la historia de Alina a base de investigar más sobre el mundo de Bardugo.

Pero, ¿cómo puede ser una buena adaptación cuando se inventa grandes partes de la historia? Bueno, ahí está justamente la gracia, la habilidad para coger las partes fundamentales de una historia y alterarlas el mínimo posible, pero a la vez cambiarlas para crear un perfecto puzzle que encaje partiendo de dos historias distintas que nunca se cruzaron.

Partamos por la adaptación del mundo, creo que Netflix lo ha dado el todo por el todo aquí, el vestuario, los escenarios, desde el Pequeño Palacio a Ketterdam, todo está recreado con mimo, con encanto y con mucha habilidad. Las novelas de Leigh Bardugo se ambientan en un mundo ficticio altamente inspirado por la Rusia de los Zares y ciudades europeas como Amsterdam. 

Los encargados de estos departamentos han hecho un trabajo magnífico a la hora de transportarnos a Ravka:

Después está la caracterización de los personajes y aquí tengo que decir que se han salido. En general, todos los actores cogidos para recrear su personaje cumplen, y han hecho un gran trabajo en traer a la vida los mejores rasgos de cada uno. Así, entre los cuervos, tenemos a un Kaz metódico e inteligente y a un Jesper fanfarrón y que siempre se está metiendo en líos. Los personajes poseen el mismo carisma que Leigh les imprimió en los libros y eso es lo que los fans queríamos ver.

Pero, por supuesto, todo lo comentado anteriormente no serviría de nada si la historia fuese un aburrimiento y, aquí justamente, es donde radica la magia de entender el material original y, a la vez, saber adaptarlo. La historia de Alina Starkov y la historia de los Cuervos son dos sagas completamente separadas que solo comparten el mundo, nunca se cruzaron, podrían haberlas contado en dos series distintas, pero alguien tomó, no sin acierto, la decisión de mezclar ambas historias.

Y a partir de aquí entraré en spoilers menores.

La historia de Alina, como digo, no la conozco del todo, pero hasta donde sé es bastante fiel a los libros. El general Kirigan es el villano, Alina es una especie de elegida, aprende a ser una Grisha y todo el mundo espera de ella que destruya la Sombra. 

La de los cuervos es una historia de “atraco”, básicamente una novela al estilo Oceans Eleven. Manteniendo esto, los cuervos en vez de infiltrarse en la Corte de Hielo, deberán infiltrarse en el Pequeño Palacio para secuestras a, ni más ni menos, que a Alina.

Y así, las historias de estos personajes se cruzan formando un puzzle muy bien atado que inventa y crea de cero, pero respeta el material fuente. Es genial porque podemos ver cruces de personajes que nunca se dieron, como el momento en el que Kirigan y Kaz se encuentran cara a cara.

También, la forma en la que es narrada la serie aporta mucho más profundidad a ciertos personajes. La trilogía original está contada desde el punto de vista de Alina y no vemos nada de lo que hace Mal durante el tiempo que ella está con los Grisha. En la serie, Mal ha cobrado un protagonismo que le siente genial, verlo sufriendo en la nieve tras la frontera fjerdana mientras busca al ciervo es uno de los momentos que más me ha gustado.

En general, Shadow & Bone ha conseguido redimir a la plataforma de sus previas adaptaciones y espero que abra la puerta a más trabajos que respeten de esta manera el libro y a la vez se atrevan a innovar para mejorar la historia contada. 

Bravo Netflix, bravo por Leigh Bardugo.