Escritor, ¿se nace o se hace?

Nadie dudaría de que un pintor debe aprender la técnica de su profesión, ¿por qué dudamos entonces de que se puede aprender a escribir?

El otro día navegaba por la oscura caverna en la que se ha convertido Facebook y encontré una publicidad que me llamó la atención. Un escritor ofrecía una clase formativa sobre técnicas para vender tu novela. El temario del curso no es lo que me llamó la atención, fueron los comentarios que algunos habían dejado en respuesta.

Muchos iban en la misma dirección: “escribir es un don con el que se nace”, “puedes hacer muchos cursos, pero si no eres bueno escribiendo jamás venderás”, “el músico nace con oido o sin él y no hay nada que puedas hacer para entrenarlo, con el escritor pasa igual”. 

La opinión de muchos parece ser que escritor se nace, que hay una especie de mano divina o providencial que te señala para ser escritor, que te otorga un don. Es curioso que la mayoría de estos indignados comentarios con el pobre hombre que solo ofrecía su curso estaban fatal escritos y abogaban por cosas tan abstractas como el destino, “los dones de dios” y otras lindezas similares. 

Me vais a permitir ponerme borde por un momento, solo uno pequeñito, pero estos no son más que los típicos gafapastas que se creen por encima de otros al hablar de temas supuestamente profundos, los típicos que no pueden admitir que el ser escritor se pueda enseñar  porque eso supondría que su “don” no lo es tanto. Lo cierto es que, en la mayoría de casos, todo esto no es más que una fachada para tapar carencias y una falta galopante de inteligencia, pues nadie inteligente desecharía jamás el potencial de una buena enseñanza, de aprender la técnica que crea el arte.

Pues el arte es técnica. Es, entre otras muchas cosas, manufactura. Y se puede aprender.

Y aún así, las afirmaciones de estos sujetos no son del todo erróneas, pero distan mucho de ser una verdad absoluta. Un músico puede nacer con poco oído, pero con esfuerzo y aprendizaje puede mejorarlo y puede encontrar otras formas de componer que a él le funcionan.

Con el escritor pasa lo mismo, igual que con todas las artes. El escritor nace y se hace. Es una combinación de ambas facultades y en cada persona la proporción cambia, cada escritor es una combinación de estas dos en un porcentaje irregular y azaroso y eso no lo convierte en mejor o peor, solo en otro escritor con su propio camino y su propia voz.

Obviamente hay gente que nace con una facilidad tremenda para escribir, para entender el drama humano, los sentimientos que nos mueven o que posee la elegancia de un pluma ágil y sincera de forma natural, pero sin aprender las técnicas de la profesión es probable que las historias de este escritor nunca funcionen, ya sea porque se vuelvan farragosas, prepotentes o no posean estructuras que el lector esté dispuesto a aceptar.

Lo mismo pasa con aquel que no nace con un “don” y al que le cuesta mucho escribir, esta persona pueda acudir a cursos, leer sobre escritura y, sobretodo, leer cientos de libros hasta entender la estructura básica fundamental que subyace a toda historia. Entonces, con esfuerzo, constancia y trabajo, podrá convertirse en un escritor. 

La única diferencia es que a uno le pueda costar menos que a otro, pero curiosamente, de los escritores que conozco, suelen ser los que han tenido que aprender las técnicas y dar cursos los más productivos y los menos bohemios, los que menos buscan la “inspiración” y se sientan con ella o sin ella a escribir cada día. 

Porque una novela se construye con constancia y trabajo, con disciplina, no con dones divinos. 

Nadie dudaría de que un pintor tiene que aprender técnica antes de pintar un cuadro y convertirse en un gran artista, ya sea siguiendo las normas aprendidas o saltándoselas por completo para crear un estilo propio.

¿Por qué entonces dudamos de que un escritor pueda aprender las técnicas de su profesión? Quizás porque la técnica pictórica está mucho más extendida y porque muchos creen que cualquiera, sin embargo, puede escribir. Es solo sentarse a juntar palabras frente a un ordenador. Es el arte fácil, el que no requiere lienzos y pinturas ni cincel y piedra. Sin embargo, lo que esta gente no entiende, es que una página en blanco es tan difícil de llenar bien como un lienzo.

No. Cualquiera no puede escribir. Hacerlo bien requiere técnica, conocimiento, esfuerzo, horas de trabajo y repetición. Requiere leer mucho y aprender más. Requiere analizar historias, entender su composición, entender el conflicto y poder hablar de temas con la suficiente sutiliza como para que tu obra no se convierta en un panfleto. Por no hablar de relacionarse con editoriales, entender cómo funciona el mercado, saber crear una buena propuesta editorial… hay mil cosas que tener en cuenta más allá de escribir palabra tras palabra. Cosas que se pueden aprender de aquellos que ya lo han experimentado.

Así que, en mi opinión, el escritor se hace mucho más que nace, pero dejadme saber la vuestra en comentarios.

Y si vosotros sois escritores que queréis haceros a vosotros mismos, os voy a dejar algunos libros que os ayudarán a aprender las técnicas y estructuras para contar una buena historia:

-El héroe de las mil cara te dará una buena base sobre la historia arquetípica, la que llevábamos contando desde el principio. La historia que siempre se ha contado.

-Salva al gato está enfocado a escribir un guión de cine, pero creo que lo que se puede aprender de este libro para estructurar historias sirve perfectamente para escribir una novela. Así se cuentan todas las historias de Hollywood, las buenas y las malas. Este libro te dará una receta que, si bien no es a prueba de balas, es el mejor lugar por el que empezar.

-Mientras escribo, de King, te dará una idea de cómo funciona el mercado editorial, de cómo es trabajar de escritor y de lo que hizo Stephen para convertirse en uno de los autores con más ventas de la historia.

Los cinco pasos para sacar brillo a tu novela y conseguir que venda.

Has acabado tu primer borrador. Es hora de trabajar en él para dejarlo listo antes de mandarlo a una editorial.

No te puedo engañar, el proceso de corrección es el más pesado y duro para cualquier escritor, pero también uno de los más necesarios y que más veces nos saltamos ya sea por pereza o por desconocimiento. Eres escritor, te gusta escribir, poner una palabra tras otra, no quitarlas ni revisarlas. Lo entiendo, pero sin una buena corrección tu novela nunca venderá. Pero, ese es el trabajo de los profesionales, ¿no? Bueno, sí, un corrector puede hacer que hasta un destrozo se convierta en una novela decente, pero hasta a ellos debes enviarles algo más que un borrador recién acabado.

Justo hoy he terminado los epílogos finales de mi próxima novela, Clama Tormentas, y por lo tanto me toca entrar en la tan odiada fase de corrección del manuscrito. Así que he decidido repasar contigo los trucos más útiles a la hora de pegarle un repaso a tu novela, vamos a ellos:

1. Date un tiempo

Pocas veces he leído este consejo y me parece uno de los más fundamentales. Date un tiempo al acabar la novela, aléjate de ella al menos una semana, deja que se enfríe el momento de creatividad que te ha llevado a terminar tu historia, date un merecido descanso después de meses de trabajo creativo. Descansa, te lo mereces.

Pero no solo te lo mereces, te ayudará a corregir mejor. Al alejarte de la novela durante unos días, tu cerebro desconectará de ella y podrás abordarla con una nueva visión, al menos una no tan contaminada de los vicios que hayas podido adquirir mientras la escribías. 

Si eres de los que no puede parar de trabajar, prepárate cosas que hacer durante la semana que dejarás la novela en un cajón. Escribe algo nuevo, pero es fundamental que dejes tu historia reposar.

2. No va a ser suficiente con una lectura.

Mínimo vas a tener que hacer dos. ¿Por qué dos? Es fundamental que no mezcles conceptos a la hora de corregir o acabarás sin poderte fijar bien en cada uno de los problemas. Entra al texto con dos mentes distintas, haz dos pasadas distintas. Una vez para corregir coherencia y estructura, una segunda para ortografía, estilo y gramática. Aquí cada uno tiene sus preferencias en el orden de estas dos correcciones, para mí en concreto tiene mucho más sentido hacer primero la corrección de coherencia y estructura porque esto te puede llevar a añadir o quitar texto, si añades luego lo corregirás en la pasada dedicada al estilo, si lo quitas, menos trabajo tendrás.

No subestimes nunca una buena corrección de coherencia y estructura, muchos escritores noveles pecan creyendo que no se han equivocado en ningún momento de su obra, pero tras meses de trabajo y más de 100.000 palabras lo más probable es que hayas metido algún gazapo, dicho algo que no cuadra con los temas de la historia o tengas algún dialogo poco inspirado de ese día que escribiste sin mucha ganas.

La corrección de gramática, ortografía y estilo vendrá después. Es una de las más pesadas, pero no desesperes. Ataca cada frase, palabra a palabra, para encontrar todos los errores que hayas cometido.

Spoiler: No los vas a encontrar todos, es así, es horrible, siempre quedará alguna errata en tu novela. Tendrás que aceptarlo y seguir adelante. Hasta en las novelas más importantes de las editoriales con más prestigio se cometen errores.

3. Abandona a tu escritor interno, ahora eres un editor.

Es importante que intentes ponerte en la mente de un editor. Sé que duele reescribir toda una escena o incluso borrarla por completo, pero ningún sacrificio es demasiado grande si tu novela va a quedar mejor. Analiza cada escena, cada capítulo, comprueba si aporta algo a la historia o no es más que material de relleno. Quita y borra todo lo que debas, aunque te hayas pasado días escribiendo esa escena.

¿Avanza la historia? ¿Aporta algo? ¿Siembra una semilla para más tarde? Si no contestas que sí al menos a una de estas tres preguntas, esa escena sobra o debe ser reescrita. 

Un editor recortaría sin respeto alguno, tú debes hacerlo igual.

En la parte más formal de la corrección, la dedicada al estilo, la gramática y la ortografía, debes tener en cuenta que tu cerebro se conoce ya el texto y, por lo tanto, se encargará de rellenar las frases que lees. La mejor forma de corregir es que el texto te resulte ajeno, así que léelo en voz alta o usa un programa de lectura robótica para que te lo lean. Así encontrarás fallas en el texto que de otra forma tu cabeza habría pasado por alto.

4. Simplicidad.

No te compliques con palabras enrevesadas, no intentes desordenar cada frase buscando razones estéticas, cuando todo está desordenado, cuando todo es complejo, nada destaca. Mantén la simplicidad, usa el orden adecuado para construir oraciones: sujeto + verbo + complementos. 

Esto ayudará al lector a concentrarse y a entender lo que quieres contarle en una sola pasada, haciendo la lectura de tu novela mucho más placentera.

5. Dijo es el rey.

Otro de los mayores errores de los escritores noveles es buscar verbos cada vez más enrevesados para las acciones de habla o poner demasiados:

—Escribir una novela es difícil —dijo Tomás.

—Desde luego, pero también es gratificante —comentó Julia.

—No será por todo lo que hay que corregir…

Como la regla anterior, mantenlo sencillo. A no ser que la inflexión de tu personaje sea importante, como un grito desesperado, un llanto o un susurro para no ser escuchado, la mayoría de lectores rellenará en su cabeza la acotación y bajará a seguir leyendo el dialogo. Si ya has establecido el orden de los que conversan no hace falta que sigas nombrándolos en cada línea, a no ser que haya un cambio en la conversación o en la forma en la que hablan.

Pero, sobretodo, no busques verbos enrevesados, no hacen falta un “enunció”, “observó” o “mencionó”, para mal camuflar una repetición de “dijo”. Insisto, los lectores no suelen leer los “dijo”, los rellenan automáticamente y pasan a la siguiente línea, por eso poner palabras distintas solo servirá para ralentizar el flujo de tus diálogos y hacer que el lector se detenga más de lo que debe.

¡Y hasta aquí los cinco consejos de hoy! Si os han gustado o han servido no dudéis en dejarme un comentario o contactarme en mi Instagram para hablar más sobre el tema.

¡Un saludo!