Shadow & Bone: O como inventarte la historia y, aún así, hacer una buena adaptación.

Netflix tiene un historial nefasto a la hora de adaptar literatura, sobretodo fantástica, aunque muchos adoran The Witcher por el plot…

…lo cierto es que como adaptación deja bastante que desear. Desde efectos especiales a vestuario y, sobretodo, pasando por el galimatías infumable que nos presentan como historia, The Witcher podría haberse hecho muchísimo mejor. Y esto lo dice alguien que se ha leído los libros y que podía navegar entre los saltos temporales sin problema, pero como medio propio, la serie debería ser capaz de contarse a sí misma sin necesitar del conocimiento previo de libros y videojuegos o de un esfuerzo supino del espectador por situarse en cada momento.

No hablaré de Memorias de Idhún, una serie que podría haber sido la puerta para muchas otras adaptaciones de autores españoles, pero que se quedó como un meme y un mal recuerdo que preferimos borrar de nuestras cabezas. El doblaje es muy importante, señores. Y no, el medio no es lo que destruyó Memorias, pues Netflix tiene entre su catálogo una serie fantástica de animación que es de lo mejorcito del género que puede verse en la plataforma, “El príncipe dragón”.

Vistos los antecedentes, abordé Sombre y Hueso con escepticismo, no me quería hacer muchas expectativas porque adaptar el mundo de Bardugo a la pantalla no era un reto fácil.

Por una vez, Netflix, me has sorprendido gratamente. Vaya por delante que no me he leído la trilogía original de los Grisha, la que da nombre a la serie, solo me he leído la bilogía de los Cuervos, pero conozco a grandes rasgos la historia de Alina a base de investigar más sobre el mundo de Bardugo.

Pero, ¿cómo puede ser una buena adaptación cuando se inventa grandes partes de la historia? Bueno, ahí está justamente la gracia, la habilidad para coger las partes fundamentales de una historia y alterarlas el mínimo posible, pero a la vez cambiarlas para crear un perfecto puzzle que encaje partiendo de dos historias distintas que nunca se cruzaron.

Partamos por la adaptación del mundo, creo que Netflix lo ha dado el todo por el todo aquí, el vestuario, los escenarios, desde el Pequeño Palacio a Ketterdam, todo está recreado con mimo, con encanto y con mucha habilidad. Las novelas de Leigh Bardugo se ambientan en un mundo ficticio altamente inspirado por la Rusia de los Zares y ciudades europeas como Amsterdam. 

Los encargados de estos departamentos han hecho un trabajo magnífico a la hora de transportarnos a Ravka:

Después está la caracterización de los personajes y aquí tengo que decir que se han salido. En general, todos los actores cogidos para recrear su personaje cumplen, y han hecho un gran trabajo en traer a la vida los mejores rasgos de cada uno. Así, entre los cuervos, tenemos a un Kaz metódico e inteligente y a un Jesper fanfarrón y que siempre se está metiendo en líos. Los personajes poseen el mismo carisma que Leigh les imprimió en los libros y eso es lo que los fans queríamos ver.

Pero, por supuesto, todo lo comentado anteriormente no serviría de nada si la historia fuese un aburrimiento y, aquí justamente, es donde radica la magia de entender el material original y, a la vez, saber adaptarlo. La historia de Alina Starkov y la historia de los Cuervos son dos sagas completamente separadas que solo comparten el mundo, nunca se cruzaron, podrían haberlas contado en dos series distintas, pero alguien tomó, no sin acierto, la decisión de mezclar ambas historias.

Y a partir de aquí entraré en spoilers menores.

La historia de Alina, como digo, no la conozco del todo, pero hasta donde sé es bastante fiel a los libros. El general Kirigan es el villano, Alina es una especie de elegida, aprende a ser una Grisha y todo el mundo espera de ella que destruya la Sombra. 

La de los cuervos es una historia de “atraco”, básicamente una novela al estilo Oceans Eleven. Manteniendo esto, los cuervos en vez de infiltrarse en la Corte de Hielo, deberán infiltrarse en el Pequeño Palacio para secuestras a, ni más ni menos, que a Alina.

Y así, las historias de estos personajes se cruzan formando un puzzle muy bien atado que inventa y crea de cero, pero respeta el material fuente. Es genial porque podemos ver cruces de personajes que nunca se dieron, como el momento en el que Kirigan y Kaz se encuentran cara a cara.

También, la forma en la que es narrada la serie aporta mucho más profundidad a ciertos personajes. La trilogía original está contada desde el punto de vista de Alina y no vemos nada de lo que hace Mal durante el tiempo que ella está con los Grisha. En la serie, Mal ha cobrado un protagonismo que le siente genial, verlo sufriendo en la nieve tras la frontera fjerdana mientras busca al ciervo es uno de los momentos que más me ha gustado.

En general, Shadow & Bone ha conseguido redimir a la plataforma de sus previas adaptaciones y espero que abra la puerta a más trabajos que respeten de esta manera el libro y a la vez se atrevan a innovar para mejorar la historia contada. 

Bravo Netflix, bravo por Leigh Bardugo.

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